Me sentía muy preocupado por Marcelene, por la situación de nuestras familias y por la profunda angustia que se veía en ella aunque estuviera haciendo su mejor esfuerzo para disimularlo.
Cuando llegué a mi apartamento estaba a punto de abrir la puerta cuando vi a alguien asomarse del apartamento de al lado. Vi una sonrisa divertida en aquel pequeño rostro, estaba seguro de que nadie diría que a su corta edad de Leni se ve como una niña angelical.
—Anciano, ¿en dónde está Marcelene? —preguntó la