La tormenta había acabado para nosotros, no podía decir que la vida nos sonreía, pero había cierta calma en el aire. Los últimos meses habían servido para calmar las cosas, todo se iba acomodando justo a la medida poco a poco y las heridas dejadas por el destino caprichoso comenzaban a sanar poco a poco.
La empresa al fin comenzaba a situarse en el marcado, no atrevería a sacar conclusiones apresuradas, pero al ritmo que venía creciendo, pronto seríamos exitosos y unidos. Quizá aquel había sido