Ocho horas después, estaba de pie junto a la escalera, escuchando a Danielle y a Rowan intentar convencerme de asistir a esa fiesta de bodas enorme y del todo innecesaria que la señora Hartley y mi madre habían organizado contra mi voluntad y la de Aeliana.
Antes no tenía ánimos de fiesta, y tampoco los tenía esa noche. La cabeza ya me daba vueltas por la resaca que tendría al día siguiente.
—Vamos, Alfa Kingston —dijo Danielle con un suspiro—. Sé que no lo necesitas, pero tienes que hacerlo. ¿D