—Solo es una opinión. —Su sonrisa se apagó—. No quise ofenderte.
—No —negué—. No lo hiciste.
—Aun así, me disculpo. Olvido que lo que es para mí no es lo mismo para los demás. Para ti es algo puro, y no debería hablar mal de eso, pero hay algo que sí puedo decir.
—¿Qué? —Me incliné más cerca.
—Tienes a un imbécil gruñón por Alfa —susurró.
No pude evitar reírme.
—El Alfa Kingston no es gruñón. Es mucho más calmado y paciente que el Alfa Dante.
Aeliana tragó saliva.
—Conmigo no.
—Ha sido amable de