—Le voy a decir que dijiste eso —dijo Danielle sin inmutarse.
—Por favor, no —solté, demasiado tarde para frenarme. ¿Por qué entré en pánico? No es que le tenga miedo. No le importo, no despierta en mí más que recuerdos turbios.
—Aeliana, justo a quien quería ver —dijo Danielle.
—Hola. —Se detuvo, a unos pasos de nosotros.
Bajé la mirada hasta sus pies.
Estaban descalzos. ¿Tendría razón Danielle en que lo hacía sin darse cuenta? Bien podría haberse puesto esas pantuflas enormes que tanto les gus