AELIANA
Anoche no dormí mucho.
A pesar de estar agotada de caminar toda la tarde, no me sentía lo bastante cómoda para dormir. No dejaba de extrañar la vida que había dejado atrás, y para cuando por fin me dio sueño, ya había pasado la medianoche. Mi habitación era enorme y sosa. No estaba mal, pero no parecía habitada; se veía intacta y un poco embrujada.
Sin saber qué hora era, por fin salí de mi habitación. Danielle tuvo el detalle de traerme un mapa detallado de la casa mientras me bañaba,