—Te va a encantar la casa de la manada, Aeliana —intervino Audrey. A pesar de lo mal que Aeliana la trataba, Audrey seguía queriendo ser amable con ella; me parecía admirable. Habría sido una buena Luna; blanda, pero buena a final de cuentas.
—Puedo mostrarte el lugar y...
—¿Alguien puede llevarme allá y ya? —preguntó Aeliana, sin hacer caso del intento de conversación de Audrey—. Necesito quitarme este vestido.
¿Por qué la prisa? Nunca se había visto mejor que con ese vestido blanco; parecía h