—No quiero herir tus sentimientos, Aeliana —dijo mi loba—. Hay cosas que es mejor callar. Esta es una de ellas, créeme.
Apenas podía respirar. Cada vez que intentaba levantarme, el dolor me tiraba de nuevo al suelo. Si no hubiera tenido una mano aferrada al barandal, habría rodado hasta el pie de las escaleras.
—Tú y yo solo nos tenemos la una a la otra. No me ocultes cosas; lo prometiste.
—Nuestro compañero —empezó ella—. Está con alguien. —Bajó la voz—. Sentimos dolor porque está con alguien.