El bosque se sentía diferente esa noche. Estábamos justo en el lugar que el vampiro había indicado, un campo pequeño donde los árboles parecían inclinarse hacia atrás.
Esperamos unos minutos en silencio y todo se sentía tenso. Podía escuchar la respiración pesada de Alaric y el latido constante y fuerte de Seth a mi lado. De repente, el aleteo frenético de un murciélago rompió la calma.
El pequeño animal descendió en picada y, en un parpadeo que desafiaba toda lógica física, la criatura se de