Regresé junto a Lilia al pueblo y el ambiente había cambiado por completo.
La Danza Lunar finalmente había terminado, el eco de los tambores ya no se escuchaba y el olor de las brasas de la hoguera empezaba a desaparecer. Las familias se retiraron a sus cabañas, murmurando bendiciones a la luna, y fue en ese momento cuando mis ojos captaron algo que me dejó helada.
Bajo la sombra de un árbol cerca de la hoguera, Maribel se estaba besando con Zain. No era un beso de pico, era apasionado, de es