Estaba decepcionada del amor, o de esa cruel imitación del mismo que el destino se empeñaba en ponerme delante.
Me encontraba en un rincón apartado de la taberna, bebiendo copa tras copa de un licor que me quemaba la garganta. Nunca me había gustado el alcohol, siempre preferí mantener mis sentidos alerta, pero esa noche la lucidez era mi peor enemiga.
Cada pensamiento me recordaba el rechazo de Seth y del sabor de sus labios que aún persistía en los míos como una burla.
—No podemos estar jun