La noche nos agarró y me encontraba sentada en un tronco, con el fuego iluminando mi rostro. Seth había armado dos sacos de dormir con rapidez y se puso a cocinar la cena.
El olor del pescado asándose sobre las brasas llenaba el aire. Lo observé en silencio, sus movimientos eran firmes y seguros. Había algo hipnótico en verlo así, tan sencillo para ser un alfa.
Me mordí el labio, nerviosa.
—Seth… ¿Crees que los hombres de Magnus me reconozcan? —pregunté—. Estoy un poco preocupada por ese d