—Lo siento tanto. No debí haber preguntado —le dije, con el ceño fruncido.
Por andar de curiosa, lo hice sentir mal. Era obvio que Seth odiaba hablar del pasado porque era una herida que aún no cerraba. Su mirada se endureció, y yo sentí un nudo en la garganta.
Me reproché en silencio. ¿Por qué había insistido? ¿Por qué no pude quedarme callada? El dolor en sus ojos era demasiado real, demasiado vivo, y me hizo comprender que no era una historia cualquiera… era una cicatriz que todavía no cer