La noche llegó en un abrir y cerrar de ojos. Frente al espejo de mi habitación, me vi distinta. Maribel se acercó en silencio y apoyó sus manos sobre mis hombros, transmitiéndome una calidez que me hizo sentir acompañada.
Su mirada reflejaba orgullo, como si estuviera contemplando una obra terminada. Mi cabello negro caía en rulos suaves bajo mis hombros, y mis ojos azules brillaban aún más gracias al maquillaje que realzaba su intensidad.
El vestido azul cielo se ajustaba con delicadeza a mi