—Me alegra tanto que nadie haya muerto ayer —expresó Maribel—. Hubo unos cuantos heridos a los que pude ayudar a tiempo.
—Sí, es reconfortante —respondí, arreglándome el cabello frente al espejo—. Lo siento, sé que me dijiste que no saliera y al final lo terminé haciendo.
—Cariño, lo importante es que te encuentres bien. Por cierto, ¿irás a una cita esta noche? ¿Por qué te arreglas tanto? —interrogó, con el ceño fruncido.
—Ah, sí —dije, con una risa nerviosa—. Olvidé decirte que Alaric me in