—¡Seth! ¿Puedo descansar? Por favor, me duelen mucho las piernas —pedí, con la respiración agitada.
Estaba en mi entrenamiento habitual junto a Seth, pero algo en él no encajaba. Su ceño fruncido, la mandíbula apretada y los brazos cruzados hablaban más fuerte que cualquier palabra. Parecía sumamente molesto, aunque no entendía la razón.
Me hacía sentir que había fallado en algo sin darme cuenta. ¿Era por mí, por el entrenamiento, o por algo que lo atormentaba más allá de este momento?
—¿No