El dolor físico que me recorría el cuerpo era insoportable. Se convertía en una agonía sorda que amenazaba con nublarme la vista, pero mi mente estaba más lúcida que nunca.
No podía quedarme tirada en el suelo como una víctima indefensa mientras Seth peleaba en desventaja contra esa bestia cibernética por mi culpa. Me levanté como pude entre los escombros de la pared destruida, aunque me costó muchísimo y cada músculo de mi cuerpo protestó ante el esfuerzo, me negué a rendirme.
Inhalé hondo, c