El miedo era una sensación primitiva que en su justa medida permitía la supervivencia, si se lo sabía escuchar. Neulí sabía escuchar y, aunque su vida era miserable, ella deseaba seguir viviendo. Y, para lograrlo, debía salir de aquella casona.
Por fea que fuera, a los bandidos no les importaba su cara, sólo lo que podrían hallar entre sus piernas. Fue por un cuchillo a la cocina. A poco andar, oyó unos frenéticos gritos de mujer. La morena estaba en el suelo, sus manos ensangrentadas clavaban