Mel seguía sin aliento cuando el beso terminó. Era una mentira y su pasmo duró los breves instantes que tardó en comprenderlo. La dulzura y ternura que Furr le mostraba no eran diferentes al despliegue de técnicas de combate. Una táctica de guerra.
Quizás ella no controlara su olfato, pero sí que dominaba a su corazón y evitó que, con su clamor, la delatara. Ella también tenía una misión y era una guerrera.
—¿Qué te pasó en el brazo?
La manga de la camisa de Furr estaba desgarrada y manchada