Puesto de vigilancia en Frilsia, reino de Arkhamis.
El rey Camsuq enjuagaba un trapo en un lavatorio. El agua se iba tornando gradualmente de un intenso rojo. Con él se limpiaba la sangre que había salpicado su rostro, sin dejar de sonreír.
—¿Los soldados se calmaron? —le preguntó a Magak, que se mantenía cabizbajo.
—Sí, majestad. No quieren ser condenados a muerte.
—Más les vale. ¿Y el esposo?
—Fue llevado a una celda como usted ordenó.
—Bien. Iré a hablar personalmente con él. ¿El otro e