Reino de Galaea, cerca de la frontera de Balai
El amanecer reveló una tierra sombría, fúnebre pese a la alegría de los soldados que celebraban en medio de los Dumas caídos. El escuadrón liderado por Furr había cercado durante la noche a un pequeño grupo junto a un acantilado y les había puesto fin. Sus cuerpos casi pétreos teñían la tierra con su sangre. Olía a muerte, a sangre y a sudor. No se sentía como una victoria dulce, Furr no acababa de aplacar su sed de venganza.
Y aunque la batalla ha