Reino de Balai
El joven copero avanzaba por el enorme y oscuro palacio cargando una bandeja con la jarra de vino y unas copas de plata. El invierno ya había llegado y los más cercanos al monarca se sorprendían de que el muchacho siguiera todavía con vida. Ningún amante del rey duraba más de unas cuantas noches, mucho menos vivían para ver el paso de las estaciones.
Algo especial tenía el copero que lo anclaba al corazón de frío acero del hombre, quien no sólo le permitía vivir, sino que también