Reino de Uratis
Con la piel todavía sensible enfundada en una bata luego de salir de un reparador baño, Adir se paró en medio de sus aposentos.
—Espero que sea de tu agrado —le dijo Furr, sentado en un sillón—, pedí que la prepararan especialmente para ti.
Adir volvió a recorrer con sus ojos la habitación. A Furr le pareció un niño asombrado que no daba cabida a la inmensidad del firmamento cuando lo veía por vez primera.
—Jamás estuve en un lugar tan lujoso.
Con sus dedos recorrió el atercio