Riu dejó el palacio de la bestia con un sentimiento de amargura. La princesa no sufría los horrores que le había descrito el rey de Balai y parecía estar a gusto en su nuevo hogar. Sin embargo, no deseaba dejarla allí. Ella pertenecía a la luz, al lado del mundo donde relucía la vida y todo lo que se ve resultaba hermoso, no a ese palacio ruinoso y hostil, donde la asediaba un monstruo.
Tiempo.
Necesitaba tiempo para pensar en un plan de rescate y también un lugar seguro al cual llevarla, pues