26. El nido de la vibora
La clínica privada, lejos del radar de los Roch, era un oasis de discreción para Antonia. Tras una hora de espera, el especialista salió con una carpeta en la mano y una sonrisa profesional que no ocultaba la seriedad del asunto.
—Señorita Antonia, los resultados de la ecografía son claros. El embrión se ha implantado correctamente. Hay actividad cardíaca detectable —dijo el médico, entregando los papeles—. Pero debo ser muy enfático: es un embarazo de alto riesgo.
Antonia se quedó inmóvil, mir