25. La gala de la mentira
La oficina estaba en silencio, pero el aire se sentía cargado. Giselle apenas había logrado terminar el café cuando Rebeca entró, cerrando la puerta con una rapidez inusual. Su expresión era un mapa de preocupación absoluta.
—Te escuche muy agitada por telefono, Giselle, y te ves... destruida. ¿Qué pasó en esa casa? —preguntó Rebeca, dejando su bolso sobre el escritorio.
Giselle se pasó la mano por el rostro, intentando recuperar la compostura.
—Víctor montó una escena. Una cena, velas, una hab