24. La trampa de terciopelo
Cuando Marcel y Giselle llegaron a casa, se encontraron con un comedor iluminado exclusivamente por velas, con música de cuerdas suave sonando de fondo y una mesa servida para dos.
—¿Qué es todo esto? —preguntó Marcel, deteniéndose en seco.
Justo entonces, Víctor Roch apareció al final de la escalera, con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Espero que disfruten la noche —dijo el patriarca con voz aterciopelada—. He pedido que preparen la habitación principal. No quiero más intervenciones médi