16. El precio del heredero
—No me digas que me estás despidiendo de mi propia vida, Víctor. ¿Después de todo lo que he hecho para mover los hilos de Marcel?
Antonia caminaba por la terraza privada del club campestre, sus tacones resonando con furia sobre la madera. Víctor Roch permanecía sentado, impasible, observando el horizonte con una copa de coñac en la mano.
—No es un despido, Antonia. Es una gestión de recursos —respondió el viejo Roch sin mirarla—. Tu presencia en la mansión se ha vuelto una distracción ineficien