—¿Qué voy a hacer contigo? —susurra entre dientes.
Aquello me deja sin palabras, solo consigo desviar la mirada hacia su torso desnudo y ancho, con pectorales marcados, brazos musculosos y demasiado fuertes. No continúo bajando la mirada, no me atrevo.
Y pensar que anoche, este hombre tan perfecto me ha hecho sentir una mujer real y viva. Me ha hecho gemir y llorar de placer.
—Pues... —Lo miro a los ojos y acomodo las sábanas sobre mi cuerpo—. ¿Cómo voy a saberlo yo, si tú no lo sabes?
Desvío