Mundo ficciónIniciar sesión.—¿Qué clase de criatura? —pregunté sin rodeos, con la voz más grave de lo habitual, incapaz de apartar la mirada de Lila ni un solo segundo, porque incluso inmóvil, incluso atrapada en ese estado que parecía arrancarla poco a poco de mi lado, seguía sintiendo que si la descuidaba, aunque fuera un instante algo terminaría arrebatándomela.
La bruja guardó silencio.
No uno incómodo.
Sino uno calculado, casi ritual, mientras inclinaba apenas la cabeza como si estuviera ordenando dentro de su mente una verdad demasiado terrible como para ser pronunciada a la ligera.
Cuando finalmente habló, lo hizo sin apartar sus ojos de los míos.
—La única criatura —murmuró— a la que ni lobos, híbridos o vampiros se atreven a desafiar.
Samuel frunció el ceño al instante, y la incredulidad fue tan evidente en su rostro que prácticamente pude escuchar sus pensamientos antes de que hablara.
—¿Dragones? —preguntó finalmente, dejando escapar una risa breve, incrédula, casi nerviosa—. Eso es absurdo.
Negó con la cabeza una vez.
—Esta mujer es humana, la he revisado de pies a cabeza, sus órganos, su temperatura, su estructura… todo en ella dice humana, y además los dragones no se mezclan con mortales, los aborrecen, los consideran demasiado frágiles, demasiado comunes, demasiado… inferiores.
—Eso suele ser cierto.
La bruja lo interrumpió sin siquiera dignarse a mirarlo, dejando claro con aquel gesto que entendía perfectamente quién mandaba en aquella habitación y quién debía escuchar realmente sus palabras.
Sus ojos oscuros volvieron a fijarse en mí.
—Pero la historia rara vez sigue las reglas que sus protagonistas intentan imponerle.
Fenrik se removió dentro de mí con evidente incomodidad.
—No me gusta nada hacia dónde va esto. — me dijo mentalmente.
—Habla claro —le ordené a la bruja, sintiendo cómo mi paciencia comenzaba a agotarse—. ¿Qué estás intentando decir?
La bruja sostuvo mi mirada sin pestañear.
—Que han existido casos… muy pocos, tan escasos que la mayoría de las razas sobrenaturales los consideran simples rumores… donde dragones se mezclaron con otras criaturas, y que esa descendencia, a diferencia de sus ancestros, no tiene reparo en unirse con mortales.
Mi mandíbula se tensó.
—¿Insinúas… —pregunté finalmente, sintiendo a Fenrik completamente alerta dentro de mí—… que mi compañera destinada tiene sangre de dragón?
Di un paso hacia ella.
—¿Estás completamente segura de lo que estás diciendo?
La bruja no vaciló.
Ni un segundo.
—La sangre jamás miente, Alfa.
El silencio que siguió fue tan pesado que incluso Samuel dejó de respirar por un instante.
—Y lo que corre por sus venas… —continuó la bruja, mirando ahora a Lila como si pudiera ver mucho más allá de su piel—… no es completamente humano.
Fenrik dejó escapar un gruñido profundo y mientras intentaba contenerlo Samuel tomo la palabra.
—Es evidente que esta mujer ya ha sufrido más de lo que cualquiera debería soportar. —aunque el tono de Samuel ya había perdido casi toda la seguridad de antes parecía que no podía dejar de preguntar lo que yo también quería saber. — ¿Porque su dragona interior la castigaría manteniéndola en este estado?
La bruja no respondió de inmediato.
Primero observó el cuerpo de Lila con atención.
Después las cicatrices de su espalda.
Y finalmente demasiado abajo.
Cerca de su zona intima.
La reacción fue instintiva.
Antes siquiera de pensarlo, me moví hacia ella, cubriendo nuevamente el cuerpo expuesto de mi compañera con mi abrigo, ocultándola por completo de cualquier mirada que no fuera la mía.
Fenrik rugió con aprobación.
Pero la bruja, lejos de ofenderse, simplemente dio un paso atrás.
Y entonces habló.
—Posiblemente, por la humillación de haber sido profanada sin su autorización.
Nadie dijo nada.
No hacía falta.
Todos conocíamos la reputación de los dragones.
Su orgullo.
Su violencia.
Su necesidad enfermiza de jamás mostrarse débiles.
—La criatura que habita dentro de ella —continuó finalmente, recorriendo una vez más el rostro inconsciente de Lila— no solo siente el dolor de lo que esta joven tuvo que soportar, también siente la vergüenza de haber sido abusada.
Hizo una pausa.
—Por lo que posiblemente la culpa de alguna acción o decisión que llevo a su dueña aquello.
Frunció el ceño colérico.
—¿Culpa?
La bruja asintió.
—Culpa por ser vulnerable.
Fenrik guardó finalmente silencio dentro de mi analizando cada palabra de la bruja.
Y eso… eso era peor que sus gruñidos.
Porque incluso él comprendía lo que aquello significaba.
Yo, por mi parte, apenas podía aceptar la idea de que algo dentro de Lila… algo que se suponía debía protegerla… estuviera castigándola por el abuso que otros le hicieron.
Pero los dragones nunca habían sido criaturas razonables.
Eran antiguos.
Orgullosos.
Crueles incluso consigo mismos.
—Entonces dime qué tengo que hacer para traerla de vuelta —pregunté finalmente, con una urgencia que ya no me molesté en ocultar.
La bruja no respondió de inmediato.
Comenzó a caminar por la habitación como si estuviera buscando algo que solo ella podía ver, hasta que finalmente se detuvo frente a un pequeño cuenco de escritorio.
—Esto servirá.
Lo tomó entre sus manos y, sin pedir permiso, dejó caer una gota de su propia sangre dentro del recipiente.
Después volvió a tomar la mano de Lila.
Apretó la pequeña herida de su pulgar.
Otra gota cayó.
Fenrik explotó.
—¡Voy a arrancarle la mano! ¡Porque ha vuelto a tocar a nuestra compañera!
Mi cuerpo entero se tensó con él.
—Sugiero… —dijo la bruja con absoluta calma, sin dejar de trabajar—… que tranquilice a su lobo, Alfa. Puedo sentir que esta apunto de tomar el control y atacarme
Sus ojos se alzaron hacia mí.
—Si realmente quiere salvarla.
Acto seguido, me extendió una pequeña daga.
Samuel dio un paso al frente.
—Cassiel… sinceramente no creo que esto sea buena idea.
No lo miré siquiera.
—Fue idea tuya llamar a una bruja.
Samuel cerró la boca.
Tomé la daga.
Hice un pequeño corte en mi pulgar.
Y dejé caer mi sangre dentro del cuenco.
En cuanto las tres gotas se mezclaron…
La bruja comenzó a recitar palabras que ninguno de nosotros fue capaz de comprender, y segundos después una especie de humo rojo y casi vivo comenzó a elevarse lentamente desde el recipiente.
Fenrik rugió dentro de mí y me dijo.
—Hazlo ya, tenemos que traerla de vuelta.
La bruja me sostuvo la mirada.
—Aspíralo… y tu espíritu encontrará el camino hacia la mente de tu compañera.
No dudé, porque a esas alturas dudar no era una opción, no cuando la mujer que el destino me había entregado seguía atrapada en algún rincón de su propia mente, luchando sola contra algo que ni siquiera alcanzábamos a comprender. Así que inhalé profundamente, dejando que aquel humo rojizo llenara mis pulmones, ignorando la incomodidad, el ardor y la sensación antinatural que comenzó a extenderse por mi cuerpo en el mismo instante en que la magia de la bruja hizo efecto.
Y entonces… todo desapareció.
La luz explotó frente a mí con una violencia brutal, arrastrándome sin darme oportunidad de resistirme, lanzándome directo hacia los rincones más profundos y dolorosos de la mente de mi compañera… hasta que finalmente comprendí, con una furia tan salvaje, exactamente qué recuerdo estaba a punto de presenciar.
Porque había llegado…
Al día en que Lila fue abusada.







