Mundo ficciónIniciar sesión—Lila… escúchame… —dije con la voz rota, cargada de una desesperación que apenas podía contener, como si cada palabra me desgarrara un poco más que la anterior—, no puedes hacer esto… no ahora que finalmente te he encontrado…
No sabía si en ese estado era siquiera capaz de oírme, de responder, de sostenerse a algo. Y aun así, había en ella una lucha silenciosa, casi imperceptible, como si intentara aferrarse a ese hilo invisible que todavía nos unía, aunque la sensación de vacío comenzaba a envolverla, más pesada, más profunda, devorándolo todo, como si aquello que alguna vez fue estuviera desvaneciéndose en un silencio que, poco a poco, la arrancaba de mí.
—Parece como si la estuviéramos perdiendo —gruñó Fenrik dentro de mí, su voz tensa, afilada—. No puedes permitirlo.
No lo haría.
Antes de que ese vacío terminara de consumirla, me incliné sobre ella, quitándome el abrigo y cubriéndola con él, envolviéndola con una urgencia que no me permití cuestionar, como si ese simple acto pudiera anclarla aquí, conmigo.
La tomé en brazos.
Su cuerpo apenas reaccionó.
Demasiado ligera.
Demasiado frágil.
—Lila… —murmuré, acercándola más a mi pecho—. Quédate conmigo.
—Muévete —insistió Fenrik—. Llévala con el médico de la manada. Ahora.
No necesité que me lo repitiera.
Salí de la habitación sin mirar atrás.
El castillo no estaba preparado para verme así.
Lo supe en cuanto crucé el primer pasillo.
—Alfa… —escuché a uno de las gammas decir, sorprendido.
No respondí.
No podía.
Cada paso era una lucha contra la sensación de que Lila se me escapaba entre los dedos, de que algo dentro de ella se rompía más con cada segundo que pasaba.
—¿Qué le ocurre? —preguntó Cinthia alcanzándome en él pasillo, su voz cargada de preocupación.
—¡Llama a Samuel! —ordené sin detenerme—. Necesita un médico ahora.
El silencio que dejé atrás fue inmediato, pesado, lleno de preguntas que nadie se atrevió a formular en voz alta.
Nunca me habían visto así.
Nunca me habían visto sostener a nadie contra mi pecho.
Y menos de la forma en que lo hacía con Lila. Ella era mi milagro, la compañera que había estado esperando.
—Todos lo están sintiendo mediante el vínculo que los une a ti como su Alfa—dijo Fenrik, con aprobación—. Ahora toda la manada sabe lo que ella es para nosotros. Lo que será dentro de la manada.
Bien me dije, era importante que todos lo supieran, aunque por ahora solo fuera a través del vínculo que me hacia el Alfa de la manada.
Que solo ella.
Solo Lila Whitmore, sería la Luna de Umbra Noctis, nadie más.
Cuando llegué a la zona médica, empujé la puerta sin esperar anuncio.
—Hagan espacio.
Los omegas que se encontraban organizando instrumentos se quedaron inmóviles, completamente desconcertados al verme irrumpir así, al ver a la mujer en mis brazos cubierta con mi abrigo.
—Alfa… nosotros…
—No hay tiempo —los corté—. Necesito a Samuel. Ya, Cinthia ha ido por el pero búsquenlo ustedes tambien.
Ellos dudaron apenas un segundo.
—Está en la sala contigua…
—Tráiganlo —gruñó—. ¡Ya!
Todos asintieron de inmediato y salieron casi corriendo.
Mientras tanto, avancé hasta la camilla más cercana y recosté a Lila con cuidado, sin apartar mi mano de ella ni un segundo.
—Resiste —susurré, inclinándome apenas—. No me hagas esto.
Su rostro estaba pálido era como si estuviera atrapada en su propia mente.
—Está luchando —dijo Fenrik—. Lo siento, pero no es contra algo físico.
Lo suponía y eso era lo que más me preocupaba.
Cinthia entro entonces sus ojos seguían procesando el impacto de lo que estaba sucediendo.
—Solo entre para informarte que Samuel ya viene en camino —dijo, acercándose con cautela—. ¿Qué… qué fue lo que ocurrió?
—No tengo idea, al entrar a la habitación parecía el más bello ser que jamás hubiera visto pero tan pronto note las cicatrices que cubrían su espalda y le pregunte quien era el responsable pareció como si se desvaneciera.
El silencio que siguió fue absoluto.
Su expresión cambió por completo.
Sorpresa.
Asombro.
—Entiendo —respondió finalmente, obligándose a recuperar la compostura—. Haré todo lo posible por averiguar si alguna de las mujeres humanas del harén sabe algo al respecto. Quizá alguna haya escuchado algo de parte de Lila… quizá eso pueda ayudarnos.
Eso esperaba.
Porque descubrir quién se había atrevido a ponerle una mano encima a Lila se estaba convirtiendo, con una rapidez inquietante, en una obsesión casi tan peligrosa como la necesidad de verla abrir los ojos.
—Nada ni nadie va a arrebatárnosla —murmuró Fenrik dentro de mí, todavía tenso, todavía al borde de perder el control.
Cinthia inclinó la cabeza antes de retirarse con paso apresurado, y apenas la puerta terminó de cerrarse, Samuel, el médico principal de la manada de Umbra Noctis, entró con la determinación de alguien que entendía perfectamente lo que estaba en juego.
Sus ojos se posaron en Lila.
Después en mí.
—Alfa… —dijo con la serenidad propia de alguien que llevaba años trabajando bajo presión—. Necesito examinarla.
No quería que nadie que no fuera yo tocara a Lila, Fenrik mucho menos.
—Nadie la toca —gruñó Fenrik dentro de mí.
—Cállate —le advertí mentalmente. — Sabes que necesita revisarla el médico.
Samuel no retrocedió también era lobo sabía lo que pasaba por mi cabeza, además ya sabía que Lila era mi compañera, ya toda la manada lo sabia.
—Alfa, sabe que necesito entender qué está ocurriendo.
Apreté la mandíbula.
Luego asentí.
Con cuidado, con una lentitud que casi dolía, retiré el abrigo que seguía cubriendo el cuerpo de Lila.
Y el silencio que siguió… fue distinto.
Más pesado.
Más oscuro.
Samuel no hizo ningún comentario. No reaccionó como hombre o lobo.
Reaccionó como médico.
Sus manos se movieron con absoluto respeto, limitándose a una inspección clínica, revisando su pulso, sus pupilas, su respiración, la tensión de sus músculos, hasta que poco a poco su expresión comenzó a endurecerse.
Porque las cicatrices en su espalda hablaban por sí solas y las marcas en su zona más íntimas, cicatrices, que inicialmente yo no había visto terminaron de confirmar lo evidente.
Samuel exhaló despacio y simplemente dijo.
—Alfa…
Fenrik rugió dentro de mí.
—¿Quién hizo esto? Que nos digan quién y lo despedazo.
—Cassiel… —Samuel insistió llamándome por mi nombre, levantó la mirada—. Necesito hacerte una pregunta.
Asentí.
—¿La tocaste de forma íntima antes de que esto sucediera?
Fenrik casi perdió el control.
—¡Voy a arrancarle la garganta por atreverse a preguntar eso!
Cada instinto en mi cuerpo reaccionó.
Cada parte animal de mí quiso lanzarse sobre él por siquiera mirar demasiado.
Pero Samuel no estaba juzgandome.
Solo estaba haciendo su trabajo.
Así que obligué a Fenrik a retroceder y le dije mentalmente.
—Controlate Fenrik.
Mi lobo gruñó.
—Solo la sostuve contra mi pecho —respondí con voz grave—. Nada más.
Samuel guardó silencio.
—Cuando vi sus cicatrices le pregunté quién la había lastimado.
Hice una pausa.
—Fue entonces cuando, simplemente su mente dejó de estar aquí.
Samuel ladeó ligeramente la cabeza, procesándolo todo.
—Es posible que el contacto físico, sumado a una situación de vulnerabilidad, haya despertado el recuerdo traumático relacionado con el abuso que sufrió.
Mis músculos se tensaron.
—Entonces ¿por qué sigue así? —lo interrumpí de inmediato—. Ya no la estoy tocando.
Samuel guardó silencio durante varios segundos.
Y eso no me gustó.
—Porque, probablemente sea más complejo que eso.
Fenrik volvió a tensarse dentro de mi antes de decir.
—No me gusta esa respuesta.
—A mí tampoco.
Samuel observó nuevamente a Lila.
—Lo que vivió claramente fue traumático, pero, siendo honestos no debería haberla dejado en un estado catatónico tan profundo.
El silencio cayó entre nosotros.
Y entonces Samuel volvió a mirarme.
—Conozco a alguien.
No respondí.
—Una bruja.
Fenrik gruñó con desconfianza.
—No.
—Es buena —continuó Samuel—. Muy buena.
—No confío en brujas —murmuré.
Samuel sostuvo mi mirada.
—Pero ahora mismo, no tenemos otra opción.
Apreté la mandíbula con fuerza.
No me gustaba.
A Fenrik mucho menos.
Pero mirar a Lila así… inmóvil… ausente…
Era peor.
—Hazlo, mándala llamar.
Samuel asintió y abandonó la habitación sin perder tiempo.
Media hora después… ella apareció.
Sin anunciarse.
Simplemente se paró frente a nosotros.
Como si hubiera surgido de la propia oscuridad.
Ni siquiera me dio su nombre.
No hizo falta.
Las brujas eran así.
Viajeras entre reinos.
Mujeres que ofrecían sus servicios al mejor postor, siempre que aquello despertara su interés.
No dijo una sola palabra.
Se acercó a Lila.
La observó.
Y luego, sin pedir permiso, tomó la mano de Lila y realizó un pequeño corte en la yema de su pulgar.
Fenrik explotó dentro de mí.
—¡La está lastimando!
Mis músculos se tensaron de inmediato.
Pero Samuel levantó una mano.
—Es necesario.
La bruja llevó la gota de sangre a sus labios.
Y en el instante en que la probó…
Su expresión cambió.
Por primera vez.
Sus ojos se alzaron lentamente hacia nosotros.
—Samuel cuando me mandaste hablar dijiste que necesitaban ayuda con una joven humana pero ¿Están seguros… —preguntó sin disimular su interés — de que esta mujer es completamente humana?
Samuel y yo intercambiamos una mirada y entonces la bruja volvió a mirar a Lila.
Sus ojos parecían atravesarla.
—Huele como una humana…
Hizo una pausa.
Luego sonrió apenas.
—Pero en su sangre…
El silencio se volvió insoportable.
—…se oculta la esencia de una criatura tan antigua… como oscura.
Fenrik se quedo quieto dentro de mí porque incluso él guardó silencio intentando entender.
La bruja pasó un dedo por la gota restante.
—Y esa criatura…
Su mirada se clavó en Lila.
—no le está permitiendo despertar.







