—Lila… escúchame… —dije con la voz rota, cargada de una desesperación que apenas podía contener, como si cada palabra me desgarrara un poco más que la anterior—, no puedes hacer esto… no ahora que finalmente te he encontrado…
No sabía si en ese estado era siquiera capaz de oírme, de responder, de sostenerse a algo. Y aun así, había en ella una lucha silenciosa, casi imperceptible, como si intentara aferrarse a ese hilo invisible que todavía nos unía, aunque la sensación de vacío comenzaba a env