El llamado de Lila me arrancó del mundo.
Corrí.
Atravesé los pasillos de Umbra Noctis sin mirar a nadie. Los rostros se apartaban a mi paso, los guardias retrocedían, pero nada importaba. Solo existía el llamado de mi compañera.
Cuando entré a nuestra habitación, la encontré junto a la cuna.
Lila estaba de pie, inmóvil, con una manta pequeña apretada contra el pecho. La sostenía como si aquella tela fuera lo único que impedía que su dragona tomara el control.
La cuna estaba vacía.
Mi mente se ne