Los rugidos de Elena se fueron apagando poco a poco.
Yo seguía de pie, con los dedos apretados en la falda de mi vestido, intentando convencerme de que encontraríamos la forma de resolver todo aquello.
Cassiel permanecía a mi lado.
No me tocaba, pero su presencia seguía cubriéndome la espalda. Estaba quieto, demasiado quieto, con la mirada fija en el corredor por donde habían llevado a Elena. No parecía tranquilo. Parecía alguien esperando el siguiente golpe.
—Se detuvo —murmuré.
Cassiel no resp