Capítulo 42 POV Lila

No entendía cómo aquello podía estar ocurriendo, ni de qué manera había terminado en un espacio donde no existía el cielo, ni la tierra, ni nada que pudiera reconocer como real, pero en el instante en que confirmé que eran los brazos de Cassiel los que me sujetaba por la cintura, toda pregunta dejó de importar, porque después de tanto tiempo separada de él comprendí que estar a su lado no era un deseo ni una necesidad pasajera, sino algo tan vital para mí como el mismo acto de respirar.

No sentí miedo cuando comenzó a acercarse, tampoco cuando sus manos recorrieron lentamente mis hombros y descendieron con una mezcla de hambre y devoción que siempre conseguía debilitarme por completo, porque incluso mientras la tela que cubría mi cuerpo iba desapareciendo bajo sus dedos, lo único que podía sentir era el latido desesperado de mi corazón recordándome cuánto lo había extrañado y cuánto había necesitado volver a encontrarme entre sus brazos.

—Pensé que jamás volvería a tocarte.

Su voz sonó grave, rota por una emoción tan profunda que consiguió estremecerme incluso antes de que sus labios comenzaran a recorrer la curva de mi cuello, mis clavículas y cada parte de mi piel que parecía reclamar como si temiera que yo pudiera desaparecer en cualquier momento.

Un gemido escapó de mis labios antes de que pudiera detenerlo, y mis dedos terminaron enredándose entre su cabello de forma casi instintiva, como si una parte de mí necesitara asegurarme de que aquello era real, de que Cassiel realmente estaba frente a mí y no era una cruel ilusión destinada a romperme.

Sus manos descendieron por mi cintura, recorrieron mis piernas y regresaron lentamente hasta mis muslos, separándolos con una seguridad que hizo que mi respiración se volviera irregular, pero fue cuando sentí su cuerpo acomodarse entre mis piernas que una parte oscura de mi pasado despertó sin previo aviso.

Por un instante dejé de estar ahí.

Por un instante volví a sentir manos que no pedían permiso.

Volví a escuchar mi propia respiración quebrándose.

Volví a sentir aquel miedo que creí haber dejado atrás.

Dentro de mí, Ciri gruñó con evidente inquietud.

Lila, algo no está bien con Cassiel y Fenrik.

Pero me negué a escucharla.

Después de todo lo que había perdido, después de todo lo que había soportado para volver a encontrarlo, no pensaba permitir que mis propios demonios arruinaran aquel momento.

Por eso obligué a mi respiración a estabilizarse, llevé ambas manos hasta el rostro de Cassiel y, mirándolo directamente a los ojos, permití que viera cada una de mis dudas antes de susurrar con toda la honestidad que existía dentro de mí.

—Contigo nunca tengo miedo si quiero que esta vez estes encima de mí.

Algo salvaje brilló en su mirada antes de que sus labios reclamaran los míos en un beso cargado de necesidad, y cuando finalmente nuestros cuerpos se unieron, sentí cómo toda la tensión abandonaba mi pecho para convertirse en una sensación de plenitud tan intensa que por un instante creí que iba a romperme bajo el peso de todo lo que sentía.

Su gran longitud me llenó por completo, invadiéndome de una manera tan profunda que mis dedos terminaron clavándose en sus hombros mientras un gemido escapaba de mi garganta sin permiso, porque no era solo mi cuerpo el que lo estaba recibiendo, era cada parte de mi alma que había permanecido vacía desde que llegue al mundo original.

—Lila…

Escuchar mi nombre en su voz hizo que algo dentro de mí se estremeciera todavía más.

Cassiel comenzó a moverse lentamente, como si quisiera memorizarme desde dentro, como si cada movimiento fuera una promesa silenciosa de que jamás volvería a dejarme ir, y mientras el placer comenzaba a multiplicarse dentro de mí hasta hacerme temblar entre sus brazos, comprendí que no importaba cuánto tiempo hubiera pasado ni cuántas heridas cargara sobre el alma, porque junto a él siempre recordaba exactamente quién era.

Sus manos adoraron mi cuerpo con una devoción que consiguió hacerme perder toda noción del tiempo, recorriendo mis pechos, mi cintura, mis piernas, acariciándome como si cada parte de mí fuera sagrada, mientras sus movimientos se volvían cada vez más profundos, más intensos, más imposibles de ignorar.

Mi cuerpo comenzó a temblar cuando el primer orgasmo me atravesó con una intensidad que me dejó sin aliento, pero lejos de detenerse, Cassiel me sostuvo con más fuerza, continuando con una necesidad que comenzó a inquietarme.

Porque no parecía un hombre buscando placer.

Parecía un hombre intentando detener el tiempo.

—Tranquilo, mi amor… —susurré mientras acariciaba su rostro y trataba de recuperar el aire—. No voy a ir a ningún lado.

Cassiel se detuvo de golpe.

Sus ojos encontraron los míos con una intensidad tan brutal que sentí un escalofrío recorrerme por completo.

—¿Pero por cuánto tiempo?

Mi corazón se detuvo.

Porque por primera vez desde que había aparecido frente a mí casi de manera imposible, sentí que algo estaba profundamente mal.

Dentro de mí, Ciri volvió a gruñir.

Lila, también ahí algo mal en Fenrik. Es una extraña oscuridad algo que no alcanzo a comprender y que no quiere mostrarme.

Fue entonces cuando lo que estaba ocultando Cassiel de mí se hizo evidente y lo que encontré en sus ojos consiguió helarme la sangre.

No solo había dolor, sino que la neblina que nos envolvía era la desesperación que nacía de su interior y que se estaba convirtiendo en una tormenta.

—Sé que estás en el cielo —murmuró de pronto con la voz rota mientras sus manos se aferraban con fuerza a mis caderas—. Sé que debo ser paciente, que debo rezar a tu Dios y a la mía para que algún día se te permita renacer.

Su mandíbula se tensó.

Sus ojos comenzaron a humedecerse.

—Pero no soporto más este infierno, Lila… no soporto seguir existiendo vacío en esta eternidad cuando ya han pasado tantas décadas sin ti.

La sangre abandonó mi rostro.

¿Décadas?

No sabía qué había hecho.

No sabía cómo había llegado hasta mí.

Pero sí sabía una cosa.

Cassiel había hecho algo terrible para poder llevarme junto a él en aquel momento.

Intenté incorporarme para hablar con él, para explicarle que estaba equivocado, pero apenas mi cuerpo comenzó a alejarse, Cassiel reaccionó como un lobo que había perdido por completo la noción entre el bien y el mal.

Sus labios reclamaron los míos con desesperación.

Sus manos me anclaron con fuerza contra su cuerpo.

Y sentí cómo se negaba a permitirme cualquier distancia.

Cuando finalmente conseguí apartarme, la tormenta que ahora nos rodeaba crecía a nuestro alrededor.

Sentí miedo por lo que sea que hubiera hecho, pero, aun así sostuve su rostro entre mis manos.

—Cassiel mírame, — sus ojos volvieron a encontrar los míos. —No estoy en el cielo.

El horror que apareció en su mirada fue inmediato.

—Eso, eso no es posible, — su voz sonó rota. —Tú eras tan inocente, casi angelical, no existe forma de que después de morir tu alma terminara en las tinieblas.

Negué lentamente, mientras una nueva ola de lágrimas quemaba mis ojos.

Tomé una de sus manos y la guie lentamente hasta mi vientre y cuando sus dedos tocaron mi piel, todo su cuerpo se congeló.

Sus ojos bajaron.

Luego volvieron a encontrar los míos, como si por primera vez realmente pudiera verme.

Mi voz se quebró.

—No estoy muerta, — Tomé aire. —Necesito que vengas por mí, — apreté su mano contra mi vientre. —Por mí y por nuestros bebés porque estoy segura de que son dos.

Y en ese mismo instante, el aullido de Fenrik resonó dentro del alma de Cassiel.

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