No entendía cómo aquello podía estar ocurriendo, ni de qué manera había terminado en un espacio donde no existía el cielo, ni la tierra, ni nada que pudiera reconocer como real, pero en el instante en que confirmé que eran los brazos de Cassiel los que me sujetaba por la cintura, toda pregunta dejó de importar, porque después de tanto tiempo separada de él comprendí que estar a su lado no era un deseo ni una necesidad pasajera, sino algo tan vital para mí como el mismo acto de respirar.
No sent