10

En efecto, Dominic no está en la habitación cuando salgo del baño, pero ha abierto la ventana. Un alivio, aunque cuando me tumbo en la cama y cierro los ojos soy incapaz de dormir hasta bien entrada la madrugada.

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Por la mañana soy todo un cuadro y necesito otra ducha más para despejarme. No recuerdo lo que metí ayer en mi mochila, pero ahora veo que tendré que volver a ponerme el mismo vestido de ayer y mis zapatillas. Y apenas he traído maquillaje para camuflar las ojeras y las marcas de chupetones que tengo en el cuello. Me aplico un poco de corrector con dedos torpes, pero no hace milagros. Genial. Parezco una muerta viviente que se ha peleado con un vampiro.

Necesito ir a casa y ver si Bobby ha vuelto.

A las nueve en punto el timbre de la suite suena con una musiquita suave y angelical. Es Andrew. Con su cara seria de siempre y unas ojeras que le tocan los zapatos.

—Vamos —dice cuando abro la puerta, sin preámbulos—. El jefe quiere verla en la oficina.

Tenía la esperanza de qu
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