Edgar Nolasco
Permanecí largo tiempo de pie frente al inmenso ventanal de vidrio de mi despacho, sintiendo todo el peso de mis errores sobre los hombros. El jardín, impecablemente cuidado, se extendía ante mí, pero mi mirada estaba distante, fija en ningún lugar. No veía nada más que los recuerdos confusos que giraban sin descanso en mi mente.
Me sentí sacudido por haber revelado la verdad de aquella manera. Mi confesión fue arrancada por la provocación de Gustavo, que insistía en instigar a Al