Jaqueline
Decidí observar la entrada del restaurante. Después de algunos minutos, la puerta automática de vidrio se abrió. La mujer de cabello corto, tomada de la mano de un señor mayor con barba y bigote canosos, era Leila. Llevaba un conjunto rojo de sastrería impecable. Caminaba al lado de aquel hombre mayor, pero su semblante no transmitía satisfacción. Había algo duro y tenso en su expresión, como si estuviera allí más por obligación que por placer.
Se acomodaron en una mesa al fondo. Apen