Gustavo
Llegué a la fundación un tiempo después de la hora en que Lívia solía salir. Desde el pasillo escuché el sonido de voces que venían de la sala de ensayo. Me detuve frente a la puerta entreabierta y vi a Lívia despedirse de sus compañeros con tranquilidad. Parecía diferente cuando estaba allí, más ligera y concentrada. Cuando se giró hacia la salida, nuestras miradas se cruzaron y el asombro invadió su rostro.
—¿Gustavo? ¿Qué estás haciendo aquí? —preguntó, acomodándose el cabello con un