Julián no respondió con palabras. La rigidez de su cuerpo pareció quebrarse en un segundo y, antes de que pudiera procesar la seriedad de su mirada, me tomó por la cintura con ambas manos, jalándome hacia él con una fuerza contenida. Me pegó a su pecho con brusquedad, atrapándome entre el mármol frío de la fuente y el calor sofocante de su cuerpo cubierto por el traje negro.
Me besó. Fue un beso cargado de la misma furia y frustración que venía arrastrando desde que nos vio a Raúl y a mí en la