El olor a whisky, tabaco y cuero llenaba completamente el salón privado del club ganadero.
Estaba sentado en uno de los sillones oscuros mientras observaba por el enorme ventanal los establos iluminados a la distancia. Afuera podían escucharse los relinchos ocasionales de los caballos y las voces de algunos trabajadores terminando de acomodar los animales para la exhibición privada.
Sobre la mesa descansaban varias botellas abiertas, vasos gruesos llenos de whisky a las rocas y platos con corte