El movimiento fue apenas leve.
Un pequeño quejido escapó de los labios de Valentina mientras fruncía el ceño con incomodidad sobre la camilla.
Solté la camisa de Ricardo inmediatamente y me acerqué a ella.
—Valentina…
La garganta se me cerró un poco al verla intentar abrir los ojos. Parecía desorientada. Confundida. Sus pestañas temblaron antes de levantar apenas la mirada hacia el techo blanco de la sala.
—¿Julián…?
Su voz salió débil.
Demasiado débil.
—Sí, estoy aquí.
Me acerqué más sin pensa