Julián apretó el agarre en mi mano con una fuerza que me hizo jadear. Me jaló hacia él con un tirón seco hasta que mi pecho chocó contra el suyo. Pude oler el tabaco y el cuero de su chaqueta, una mezcla que siempre me ponía nerviosa.
—Te equivocas si piensas que solo te busqué para que cuidaras a Leo —gruñó, y su voz vibró contra mi frente—. Al principio tal vez fue así, pero las cosas han cambiado.
Me soltó la mano solo para agarrarme la nuca, hundiendo los dedos en mi cabello y obligándome a