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Al día siguiente, la luz del sol entró por la ventana con una agresividad que me hizo doler la cabeza. Estiré la mano sobre el colchón, buscando el calor de Julián, pero la cama estaba fría. No había rastro de él. "Es viernes, seguramente se ha ido a trabajar temprano", murmuré para mí misma, tratando de convencerme de que su ausencia no tenía nada que ver con la forma en que se había ido la noche anterior con Isabella.

Me levanté con el cuerpo pesado. Sentía que me estaba resfriando; los hueso
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