El ambiente en el pórtico se puso pesado de inmediato. Isabella subió los escalones con una seguridad que me revolvió el estómago. Me miró de arriba abajo con un desprecio que no trató de ocultar para nada. Su maquillaje era perfecto y su ropa se notaba carísima, pero cuando se acercó a Julián, el olor a alcohol la delató por completo. Estaba borracha.
—Vete de aquí, Isabella —le soltó Julián. Su voz era una advertencia clara, pero no se movió de su lugar—. No son horas de venir a mi casa, y mu