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Tres semanas habían pasado desde aquella noche de tormenta emocional y pasión desenfrenada con Julián. Las cosas en la hacienda parecían haber entrado en una calma tensa; él seguía siendo un hombre de pocas palabras, pero sus manos eran más frecuentes en mi cintura y sus llegadas tarde habían disminuido. Isabella no apsaba por aquí y eso me alegraba. Me sentía ams tranquila, y aunque no se lo había dicho a el, lo cierto es que me parecía que podría acostumbrarme a esto. Yo empezaba a acostumbra
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