La cena con los clientes de Julián la noche anterior había sido un desastre silencioso. Yo estuve ahí, sentada a su lado como un adorno caro, viendo cómo él cerraba negocios mientras a mí ni siquiera me miraba a los ojos. Desde que regresamos de Careyes, las cosas se habían roto de una forma que no sabía cómo explicar. Aquella noche que pasamos juntos en la costa, donde creí que por fin nos habíamos entendido, ahora parecía un sueño borroso o, peor, una mentira.
Al día siguiente, la tensión en