Me quedé en el agua, moviendo las piernas mecánicamente para mantenerme a flote mientras sostenía a Leo. El sol seguía brillando, pero para mí el día se había oscurecido por completo. Sentía la mirada de Sebastián sobre mí; era una mirada llena de lástima, y eso me dolía casi tanto como el desprecio de Julián.
—¿Vale? Estás apretando mucho mi mano —murmuró Leo, mirándome con extrañeza.
—Perdón, mi amor. Me distraje —solté su manita y traté de sonreír, pero sentía la cara rígida, como si se me h