Había pasado una semana desde que regresamos de Careyes y el ambiente en la hacienda era otro. Julián había tenido que salir del país casi de inmediato; surgió un tema con unos ganados que iba a exportar y tuvo que volar a Costa Rica para cerrar el negocio personalmente. Me quedé sola con Leo, pero por primera vez en mucho tiempo, no me sentía abandonada.
Para mi sorpresa, me sentía bien. Incluso podría decir que feliz.
Esos dos días en la costa lo habían cambiado todo. Hacer el amor con mi mar