Después de hacer el amor permanecimos en la cama durante un largo rato, sin ninguna prisa por levantarnos. La habitación estaba en silencio, salvo por el sonido lejano del viento moviendo los árboles y algún caballo relinchando en los establos. Yo tenía la cabeza apoyada sobre el pecho de Julián y una de mis piernas enredada con las suyas bajo las sábanas. Escuchaba el latido constante de su corazón mientras dibujaba círculos distraídos sobre su piel con la punta de los dedos. Había algo profun