Arya.
—¿Estuvo usted de visita en el centro de detención de Brooklyn hace tres días?
La pregunta del agente policial produjo un silencio total en la sala. Yo me puse más nerviosa que Gael, pensé que lo pondrían en evidencia, pero él se tomó su tiempo para responder.
—Sí. Dígame si una visita es un crimen. —Aseveró Gael con total frialdad.
—No, en absoluto, solo que su yerno fue atacado; eso no es todo, el recluso lo acusa a usted de pagar a unos matones para hacerle daño.
—No voy a entrar en